Cien años de belleza e historia

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El antiguo colegio Nuestra Señora de los Dolores, ahora preuniversitario Rafael María de Mendive, donde estudiaron Fidel, Raúl y Ramón Castro, junto a otros valiosos jóvenes, cumple hoy un siglo de existencia Cuando hace cien años la ciudad se ensanchaba hacia los espacios físicos que le permitían el cielo y la tierra, un majestuoso edificio se apoderó de un pedazo de la céntrica calle Aguilera, sin saber que se convertiría en uno de los símbolos más importantes de la urbe por sus valores patrimoniales e históricos. Ya desde 1910 los diarios locales anunciaban la construcción del colegio Nuestra Señora de los Dolores, a cargo de los padres de la Compañía de Jesús, que se concretó con el acto de colocación de la primera piedra del edificio el 31 de julio de 1911. Su ejecución representó un hecho extraordinario en la historia de la construcción santiaguera, pues es uno de los primeros edificios donde se utilizó el hormigón armado, cuando aún el conocimiento de este y su empleo eran incipientes. No obstante, el edificio es uno de los ejemplos más significativos del estilo ecléctico, con elementos del gótico y considerado joya de la arquitectura de Santiago de Cuba. El colegio Dolores (como lo abrevió el pueblo) fue inaugurado el domingo 31 de agosto de 1913 y, desde entonces, los estudiantes recibían una rigurosa formación bajo cánones religiosos, materializados en una educación integral, con una moral sólida y eficaz, que incluía el deporte, con la organización de competencias de baloncesto, béisbol, fútbol y atletismo. Estas actividades recreativas se vinculaban con la enseñanza de la Ciencia y la Historia; a la vez que participaban en jornadas patrióticas y en la vida cultural de la ciudad. En su matrícula estuvieron alumnos que luego fueron personalidades de la política, la cultura y las ciencias, entre ellos, los hermanos Fidel, Raúl y Ramón Castro; Eduardo Chibás; Renato Guitart y José Antonio Portuondo. Tras la insistencia de una maestra por los buenos resultados del niño Fidel, los padres de la familia Castro decidieron enviar a sus hijos a estudiar a la capital de la antigua provincia de Oriente. En el libro La Victoria Estratégica, el líder histórico de la Revolución describe: «Me matricularon en enero de 1938, como alumno externo en el Colegio Dolores, regido por la Orden de los Jesuitas, mucho más exigente y rigurosa en materia de estudios, pero más de clase alta y rica que su rival de los Hermanos La Salle». El Comandante, en la extensa entrevista que luego salió publicada bajo el título Fidel y la religión. Conversaciones con Frei Betto, expresó: «Estaba ya en una escuela de gente más rigurosa, de mucha más preparación, de mucha más vocación religiosa; en realidad, de mucha más consagración, capacidad, disciplina […] incomparablemente superior; a mi juicio, una escuela en la que me convino ingresar (…) Eran gentes que se interesaban por los alumnos, su carácter, su comportamiento, con un gran sentido de rigor y exigencia». En abril de 1961 el Colegio Dolores fue nacionalizado y, en un primer momento, tuvo como función albergar a los cientos de jóvenes que se incorporaron a la Campaña de Alfabetización en las Brigadas Conrado Benítez. Ya para 1962, ante la necesidad de que toda la población accediera a la educación, se inaugura en él la secundaria básica Rafael María Mendive; a partir de entonces, los objetivos de sus planes formativos se encaminaron a la formación de las nuevas generaciones, basados en el pensamiento martiano y la ideología marxista. A partir de 1977 el centro se transforma en el instituto preuniversitario del mismo nombre. Hoy, en el centenario del otrora Colegio de Dolores, los hijos de esta ciudad continúan preservando y venerando esa parte de la historia que es la majestuosa estructura de uno de sus edificios más emblemáticos.

Tomado de Juventud Rebelde

Por: Eduardo Pinto Sánchez

Foto: Jorge Luis Guibert