SEPTETO TURQUINO: HERENCIA AFRICANA EN LA MÚSICA CUBANA

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La convivencia y paternidad de más 70 géneros musicales de gran trascendencia internacional convierten a Cuba en la Isla de la Música. En la nación se acunaron el bolero, la trova, el son, el mambo y la rumba, además de legendarios intérpretes como Compay Segundo, Miguel Matamoros, Juan Formell, Chucho Valdés, Silvio Rodríguez, Celia Cruz, Beny Moré y César Portillo de la Luz, por mencionar unos pocos de una interminable lista de estrellas.

Antes de la llegada de los colonizadores españoles, hace más de 500 años, en Cuba ya existía la música, el baile y las fiestas en las comunidades primitivas. No obstante, los ritmos que en el país se gestaron, caracterizados por una variedad inigualable, son fruto de un intenso proceso de transculturación, donde las raíces africanas, indias y españolas se fundieron para crear una cultura única, la cubana, que permeó con su riqueza todo el quehacer artístico, entre ellos la música.

Fue tal la invasión musical que recibió la Isla en su historia, procedente de toda Europa, África, Asia y de varias naciones del continente americano, que fundida con la fuerza rítmica nacional, derivó en una explosión de sonidos: congas, rumbas, guarachas, habaneras, criollas, boleros, sones, mambos, cha cha chá, mozambique, pa´cá, dengue, pilón, y una larga lista de ritmos musicales.

En ese “estallido” también se originaron varios formatos, siendo los tríos, sextetos, septetos, agrupaciones y conjuntos, los más populares dentro del panorama sonoro de la nación caribeña.

Después del conjunto y la orquesta, el septeto es la formación musical más popular dentro del complejo del Son Cubano, formato que encontró gran acogida en el país, fundamentalmente en la región oriental.

Para algunos, es el septeto la estructura donde la música tradicional cubana suena más sabrosa y con mayor variedad y originalidad.

Septeto Nacional, cátedra de la música cubana

El más legendario de los septetos que existen en Cuba es el Nacional Ignacio Piñeiro, que el año pasado fue nominado al premio Gramy Latino 2013, aunque fue fundado inicialmente como sexteto en La Habana, el 13 de diciembre de 1927.

Creado por Ignacio Piñeiro, que se desempeñó como director y contrabajo, ese conjunto musical ganó una popularidad casi instantánea en el país y otras naciones, al poseer en su repertorio el Son Cubano en todas sus variantes: guajira-son, bolero-son, afro-son y otros.

Si gloriosa fue la trayectoria del Septeto Nacional en tiempos de su creador, las cosas no cambiaron tras la muerte de Piñeiro, gracias a la excelencia lograda por sus sucesores. Es más, la emblemática agrupación sonera mantiene su fama hasta nuestros días.

Ahora bajo la dirección musical de Eugenio Rodríguez, conocido por El Raspa, y también su vocalista principal, quien se incorporó al elenco en 1982. También figura Frank Oropesa, El Matador; un bongosero cienfueguero que bebió desde muy temprano en las fuentes de la tradición y que es actualmente el administrador del colectivo.

Santiago de Cuba, la joya de la corona de los septetos

Aunque Cuba es una corona en sí de septetos musicales, con importantes exponentes en varias provincias del país, es indiscutible que Santiago de Cuba es la joya principal.

La tierra caliente no lleva ese nombre solo por el clima, el ritmo de vida de los santiagueros, la historia de la ciudad y sus grandes músicos le han dado a la ciudad esa impresión de calidez que todos sentimos y recordamos una vez que transitamos sus calles.

De la savia del terruño más caribeño de Cuba, donde los poetas caminan por las calles, hacen de las esquinas escenarios improvisados y regalan serenatas a la bella joven que se asoma por el balcón, bebieron emblemáticas estrellas del pentagrama universal, como los inolvidables Miguel Matamoros, Pepe Sánchez, Compay Segundo, Ñico Saquito, Enrique Bonne, Pacho Alonso y Sindo Garay, entro otros muchos más.

Quizás por la riqueza sonora que permite, la flexibilidad y versatilidad que exige en sus intérpretes, o simplemente por la facilidad y movilidad de las agrupaciones en el momento de actuar en vivo, lo cierto es el son de un septeto en Santiago se diferencia de los septetos musicales del resto del país, ellos se adueñan de los diferentes espacios culturales, hacen bailar a personas nacionales y foráneas, a la vez que reviven las más autóctonas y diversas tradiciones culturales de la nación.

Septeto Santiaguero: la música joven arrolladora

A pesar de su juventud del Septeto Santiaguero, ha demostrado con creces que es en la actualidad una de las agrupaciones más importantes de la música tradicional cubana, genuino exponente de la cultura arraigada en el oriente de Cuba.

Se fundó el 2 de febrero de 1995, consecuencia directa de la agrupación Melodías de Ayer, una añeja formación que desde 1962 estuvo profundamente ligada a la tradición musical santiaguera y a la emblemática Casa de la Trova, sitio que es el principal escenario para los amantes de ese género musical.

Con un ritmo realmente contagioso, estribillos cargados de una picardía sin igual y una sonoridad exquisita, el Septeto Santiaguero hace gala de su nombre y sintetiza lo mejor de la cultura de su tierra natal, gracias a un estilo cautivador, potente sonoridad y ritmo certero.

Septeto Turquino: herencia africana en la música cubana

Si hoy los septetos de la música tradicional cubana arrasan en escenarios internacionales y seducen con su ritmo, se debe en parte a la sonoridad que logran con el empleo de los instrumentos de percusión de origen africanos.

Esa innovación, habitual en la actualidad, fue Santos Rodríguez y su Septeto Afrocubano quien en el año 1937 introdujo por primera vez un tambor de tipo “macho” en su conjunto musical. No obstante, quienes popularizaron su uso, casi ineludible en la actualidad, fue el Septeto Turquino.

Uno de los principales artistas de la música popular bailable en el continente, Oscar D´ León, disfrutó hasta la embriaguez la actuación del Turquino en la edición de 1998 del festival Francés de Vic Fesenzac. Tal fue la impresión causada por los jóvenes artistas, que la consagrada estrella incorporó en su repertorio dos de sus temas. Fue así que "Monta al pelo" y “EL Pregonero" terminaron formando parte del CD D´León, titulado "La Fórmula Original", nominado al Grammy en la categoría de salsa en el año 2000.

Fundado en el año 1982, el Septeto Turquino ha hecho honor a su nombre, la montaña más alta de Cuba, y ha paseado su arte por importantes escenarios de Europa y América Latina.

Septeto Ecos del Tivolí: música y legado francés

La Revolución Haitiana (1791–1804) motivó que llegaran a Cuba, fundamentalmente a la región oriental, los colonos franceses juntos a sus esclavos, quienes huyendo de los sucesos históricos, trajeron consigo costumbres, tradiciones, conocimientos y cultura.

Una buena parte de esa emigración se asentó en la barriada santiaguera de El Tivolí, comunidad que exhibe en la actualidad una gran cantidad de los sincretismos culturales e intercambios étnicos de la nacionalidad cubana, fundamentalmente procedentes del país galo.

Ese aire de modernidad y desarrollo europeo, junto con el legado musical de Miguel Matamoros, que fundó el famoso trío Matamoros, inspiró la creación de un singular conjunto musical: el Septeto Ecos del Tivolí.

Fundado el 20 de Marzo de 1992, la agrupación posee una singular sonoridad que la hace resaltar en el panorama artístico cubano, y se basa en la armoniosa conjunción del toque expresivo de la guitarra acompañante, respetando la sonoridad característica de los Sones y Boleros.

Sus integrantes cultivan otros ritmos como las guarachas y su sabor tan exquisito, las habaneras, los pregones, el cha cha cha y la inconfundible conga santiaguera, género que suena con singular sabor en el oriente de la Isla.

El septeto Ecos del Tivolí, en homenaje a Miguel Matamoros, tienen en su repertorio algunos de los temas más importante de ese músico cubano. Entre ellos hitos internacionales “La mujer de Antonio”, “Lágrimas Negras” y “Mamá son de la loma”.

En giras que ha realizado Ecos del Tivolí sus miembros han actuado al conjunto Mapeye, de Puerto Rico, con el Niche, de Colombia, y los músicos jazzistas canadienses Jane Bunnett y Larry kramer, entre otros más.

Este septeto ha sido nominado al premio Cubadisco 2014. Feria internacional más importante de la industria discográfica de la música cubana que cada año se dedica a un país y a un género musical, y además rinde homenaje a personalidades y artistas con una destacada labor creadora en el campo de la música cubana.

Tomado de: www.sierramaestra.cu