NUESTRO SANTIAGO DE ANTAÑO: De frailes y soldados del Santiago colonial

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Publicado: 27 febrero de 2017 de 2016 | Por: Mayla Acedo Bravo | Foto: Archivo OCC.

La Iglesia de San Francisco es uno de los más antiguos templos santiagueros. Sin embargo, lo que no todos saben es que este sitio, no fue la primera ubicación que tuvieron los frailes franciscanos en la ciudad.

Llegados desde los primeros momentos de la colonización con el objetivo de convertir al catolicismo a los aborígenes, en 1528 fray Juan de Tesel y cuatro religiosos más de la orden se establecieron en una pequeña elevación donde hoy se encuentran el Museo Provincial y el Gobierno, en la esquina de Aguilera y Carnicería, y a partir de limosnas populares fue fundado el Convento de San Francisco.

En el siglo XVII el gobernador Pedro Bayona construyó una muralla y un fuerte contiguo al convento, que se llamó Castillo de San Francisco, el cual fue ampliado y fortificado por Francisco Cajigal de la Vega. Pero la unión de fraile y soldado no dio buenos resultados, especialmente para la moral franciscana. El historiador Juan María Ravelo narra en una de las crónicas de sus Medallas Antiguas, su convivencia y la forma casi surrealista en la que salieron del antiguo convento a la iglesia actual, hoy ocupada por los padres paules.

En los patios de estas residencias existían los aljibes que abastecían de agua a la ciudad y a ellos acudían las mujeres, en su mayoría escla­vas, a llenar sus cántaros y baldes con el precioso líquido extraído de tales fuentes. Los soldados del cuartel las piropeaban brindándole sus amo­res, que muchas veces eran correspondidos.

Los franciscanos, hombres también al fin y al ca­bo, de cuando en cuando echaban sus florecitas a las sirvientas que acudían en busca del agua y ello, como era natural, constituía un atentado a las buenas costumbres, por lo que se pensó alejar a unos de otros, a frailes y soldados, poniéndose de acuerdo el prior y el jefe militar de la plaza para trasladar el convento a otro lugar apropiado, escogiéndose para ello el punto conocido por Alto del Coco, (Iglesia de San Francisco) y al efecto se compraron solares y casas.

La comunidad no estuvo conforme con el traslado pero el Prelado de acuerdo con el gobernador Cagigal, a altas horas de la noche del 17 de febrero de 1745 dispuso que cien hombres de tropa veterana rodearan el convento, mientras el Prelado personalmente iluminaba el templo y hacía tocar violentamente las campanas. Los frailes, que dormían se levantaron alarmados, quedando sorprendidos al observar que su Prelado, entonando el Tedeum, sacaba su Divina Majestad, dirigiéndose hacia la calle. Si­guióle la comunidad, viéndose entonces envuelta de repente por el piquete de soldados y efectuándose el traslado, mientras la ciudad dor­mía, al lugar a que hemos hecho referencia.

Luego de los incidentes narrados, los terrenos del convento fueron asumidos por la fortaleza hasta su destrucción.