NUESTRO SANTIAGO DE ANTAÑO: Recibiendo a San Cañón

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Publicado: 26 de enero de 2017 | Por: Mayla Acedo Bravo | Foto: Archivo OCC

San Cañón en el Callejón Bofill del Museo Provincial Emilio Bacardí.

Nuestra ciudad tiene hechos que son una viva referencia a aquello que Carpentier llamó lo real maravilloso. Una de las historias que dan fe de ello es la de San Cañón. En agosto de 1863, partió una numerosa tropa rumbo a Santo Domingo, isla en la que, luego de ser anexada nuevamente a España, acababa de estallar una revolución.

Las fuerzas salidas de nuestra ciudad colaboraron en la batalla de tal manera, que al vencer, el gobierno de la hermana isla agradecía el esfuerzo y como prueba de su reconocimiento, ofrecieron el mejor cañón tomado al enemigo. El Ayuntamiento acepta gustoso el regalo y comenzaron a organizar los festejos para recibirlo. El alférez real Don Andrés Duany, dirige al Ayuntamiento un entusiasta escrito en el que ma­nifiesta que, fundado en que las grandes virtudes de la milicia española han sido obra casi exclusiva del principio religioso y que no como no existía un museo, ni otro edificio público ni monumental, donde pudiera colocarse dignamente la preciosa prenda, debería depositarse en la Santa Iglesia Metropolitana y al lado, ni más ni menos que de Santiago Apóstol.

No obstante, por unánime acuerdo y con el beneplácito del arzobispo se le destinó como sitio preferencial una bóveda o cripta he­cha en el atrio de la Catedral, en el centro y mi­rando a la Casa de Gobierno, escogido por ser lu­gar público y poder allí ser objeto de la contem­plación del vecindario a quién se había dedicado. En 1872 fue susti­tuido por otro más pequeño que decían que les habían quitado a los mambises, y el cañón se trasladó al Cuartel de Dolo­res, donde permaneció cubierto de herrumbre, hasta que con la construcción del Palacio Provincial de Gobierno reapareció y fue cedido al entonces Museo Municipal Emilio Bacardí. En la época se hicieron estos versos que hicieron que el pueblo lo recordara con simpatía:

A Cuba ha llegado un Santo

que le llaman San Cañón,

y ha bajado el Ayuntamiento

a subirlo en procesión.

¡Arriba la Muela, mangansón!

¡Amarillo, suénamelo pintón!

Fuente: Juan María Ravelo: Medallas antiguas, Ed. EL Arte, Manzanillo, 1938.