SANTIAGO DE ANTAÑO: Raúl Ibarra Albuerne: Primer Historiador de la Ciudad

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Publicado: 22 de septiembre de 2016 | Por: Mayla Acedo Bravo | Foto: Archivos

Raúl Ibarra Albuerne fue un santiaguero orgulloso de su tierra. Nacido el 23 de julio de 1901 desde joven colaboró en diarios como La Región, Prensa Universal; fue jefe de redacción de Prensa Libre y en el periódico Oriente mantuvo secciones fijas como “Un día como Hoy”, “De nuestro Santiago de Antaño” y “Nuestras Calles”. Ejerció como bombero entre 1926 y 1933; administró el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia desde 1936 hasta 1944. El 2 de enero de 1946 se instaló como Historiador de la Ciudad, cargo confirmado en 1955, hasta que la plaza fue eliminada en 1959 y se jubiló en 1961. Falleció el 15 de mayo de 1966.
Pocas fueron sus publicaciones fuera de prensa: Narraciones y leyendas de Santiago de Cuba (1945); Maceo y los catalanes (1946) y Breve historia de Santiago de Cuba (1948). Actualmente Ediciones Caserón, prepara el libro Raúl Ibarra. Crónicas de las calles de Santiago de Cuba. Este defensor de la historia y la cultura santiagueras, escribía en 1959 un artículo llamado “La Tradición” del cual reproducimos un fragmento. Sirva de homenaje a nuestro primer Historiador de la Ciudad.
   “La tradición, es decir, todo el pasado de un pueblo a través de sus usos y costumbres, es cosa que se saca a plaza en cada momento, pero solo por el placer de hacerlo, pero sin que se quiera respetar mucho su significación en el acervo popular. Y la vigencia de la tradición en la vida de nuestro pueblo, se manifiesta como en ninguna otra cosa, en el nombre de nuestras calles, que los distintos Ayuntamientos han rebautizado en múltiples ocasiones, sin que, valga la frase, “nadie le haya hecho caso”, porque por sobre la resolución oficial está la voluntad del pueblo, que es quien manda, que es quien consagra o veta esos “bautizos”.
  Naturalmente, el Ayuntamiento al hacer esos “bautizos” ha tratado de honrar a héroes de nuestra independencia o a personalidades relevantes de nuestra patria o el extranjero. La intención ha sido correcta, pero los resultados han sido desconsoladores. Es un error tratar de cambiar nombres de calles que están tan unidos a la ciudad en su vida misma, que forman un todo con la urbe.(…)
  ¿Quién puede quitarle su nombre sonoro y santiaguerísimo a la Calle de las Enramadas para llamarla “Saco”? ¿Quién le dice a La Trocha, “Paseo 24 de Febrero”? ¿Y a la Calle del Gallo, quién le dice “10 de Octubre”? ¿Y quién es el guapo que le quite el nombre al barrio de Los Hoyos? (…) La tradición es una cosa muy seria con la que no se puede jugar. Ir contra la tradición es ir contra el pueblo, y todo aquel que se ponga en contra del pueblo no hay Dios que pueda salvarlo de ser hecho neblina, polvo, nada…Dejemos a nuestras viejas calles con sus viejos nombres, que eso es lo que entiende el pueblo. Lo demás, es tratar de hacer gárgaras con lejía…”