Santiago de Cuba y sus miradores naturales

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Publicado: 2 de agosto de 2016 | Por: Israel Hernández Planas | Fotos: Carlos Manuel Ponce Sosa

Santiago de Cuba es tierra de lomas, algunas escarpadas y firmes, otras serpenteantes y escurridizas. Lo cierto es que tanto al santiaguero como al visitante le es, simplemente imposible, ignorar nuestra caprichosa geografía que como la vida, muchas veces sube y otras tantas baja.

Esto no es casual. Nuestra ciudad nació en un entorno montañoso entre el Mar Caribe y la cordillera de la Sierra Maestra, donde se encuentran las montañas más elevadas de toda Cuba: el Pico Turquino, con 1 974 metros sobre el nivel del mar; el Pico Cuba, con 1 872 metros y el Pico Suecia, con 1 734 metros.

De ahí que, al estar abrazada por estos bellos accidentes naturales, nuestra bahía y el macizo montañoso, Santiago de Cuba sea hija del mar y la montaña.

Por ello, desde cualquier punto de la urbe y principalmente alrededor del centro fundacional, el transeúnte tiene a su disposición los más bellos miradores naturales para divisar gran parte urbana y paisajística de nuestra Santiago de Cuba.

La villa fue fundada por Diego Velásquez de Cuellar en el verano de 1514 frente a una profunda bahía de bolsa del Oriente Sur de la isla de Cuba. Los primeros habitantes de la ciudad quedaron asentados frente a esta bahía en forma de herradura.

Antiguamente la zona era un extenso valle rodeado por un sistema de cordilleras que conformaban un anfiteatro natural. Desde entonces paisaje y ciudad se abrazaron  de manera indisoluble reconociéndose el uno a la otra, tanto al desarrollarse el trazado de la ciudad como la disposición de los espacios públicos y los modelos edificatorios.

El anfiteatro natural que semeja la urbe caribeña cuenta con un sistema de tres terrazas que alcanza, la  más alta, los 59 metros sobre el nivel del mar.

El primer nivel va desde la línea costera hasta los 15 metros  de altura  en la antigua Calle Gallo, actualmente Diez de Octubre.

Pero es en el segundo nivel, desde los 15 hasta los 42 metros, donde se encuentran los miradores naturales de más celebridad, entre los cuales encontramos la zona de la llamada Beneficencia; el Balcón de Velázquez que deviene centro de actividades comunitarias y culturales, y el célebre Tivolí, sitio de referencia en grandes obras literarias como el Reino de este Mundo, de Alejo Carpentier.

El añejo barrio ofrece una de las imágenes más genuinas de la geografía santiaguera, donde los tejados rojos, el azul del mar y el verde de las montañas contrastan y regalan al observador la total seguridad de hallarse en una ciudad única.

El tercer nivel alcanza los 59 m en la antigua calle Saturnino Lora, popularmente conocida como Calle Nueva.

La villa fue fundada por Diego Velázquez de Cuellar en el verano de 1514 frente a una profunda bahía de bolsa del Oriente Sur.

Desde cualquier punto de esta se domina todo el paisaje de lo que fuera la ciudad fundacional, momento que llama a la observación para detallar las techumbres, personas, balcones, iglesias  y al final, donde la vista se pierde, el mar y las montañas.

Por eso Santiago es un "sube y baja". Luego de extender sus límites sigue siendo la ciudad de las lomas. Se encuentre usted donde se encuentre, notará el calor, los pregones, las frutas, la trova y siempre, camine a donde camine, las lomas, esas que le dicen que está en Santiago de Cuba.