De gallos y vallas en Santiago de Cuba

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Publicado: 19 de mayo de 2016. | Por: Mayla Acedo Bravo | Fotos: Internet | Diseño: Jacinto Anaya

Una de las más populares costumbres en el Santiago de antaño eran sin dudas las peleas de gallos. La antiquísima tradición tuvo sus inicios hace más de 3000 años en China y la India; llegó al continente americano de mano de los españoles, convirtiéndose en uno de los pasatiempos favoritos de los hombres de nuestras tierras.

El juego se hizo tan frecuente en la época colonial, que en todos los poblados urbanos o rurales se construyeron “vallas”, que es como se conocen en Cuba los ruedos de peleas. En el siglo XIX, el gobernador de la isla, Miguel Tacón, prohíbe las peleas en las tabernas del campo y las casas particulares, permitiendo que se levantaran las vallas en las poblaciones solo en los días de fiesta. Como en estas lides se reunían todo tipo de personas, eran celosamente vigiladas por considerarse también puntos de conspiración contra el gobierno español. Durante la intervención norteamericana se prohibieron las peleas, lo que se mantuvo hasta que en 1909, el presidente José Miguel Gómez las autoriza nuevamente.

Las autoridades municipales de Santiago de Cuba establecieron en ese propio año los reglamentos e impuestos, que establecían que se podían construir tantas vallas para lidiar gallos, como personas o empresas lo desearan, construyéndose siempre fuera del perímetro de la ciudad.

Las peleas se realizarían en el período comprendido entre el primer domingo de noviembre y el último de junio, solo los domingos y días de fiesta, de ocho de la mañana a seis de la tarde. Se debía pagar al Gobierno Municipal una contribución de 20 pesos por cada función y otras cantidades monetarias según las apuestas que se hicieran. En mayo de 1910, estas disposiciones fueron modificadas para extender el permiso de las peleas a todos los domingos del año, los días de fiesta nacional, el 25 de diciembre y el 1ro de enero, desde las seis de la mañana hasta la medianoche.

Aunque las peleas a veces eran ocasión de escándalo, pues muchos pasaron de pobres a ricos –y viceversa- en la lid, existía un cierto código de honor entre los jugadores que permitía que a pesar de que no mediara documento escrito entre los jugadores, las deudas fueran pagadas fielmente. De ahí el dicho que aún se estila en Latinoamérica de “palabra de gallero, palabra de caballero”.

Fuente: Alcibíades Poveda Díaz. Las noticias de la historia, 1902-1958 (Crónicas de Santiago de Cuba).

“La pelea de gallos, una tradición que se mantiene” [en línea] revistalegado.wordpress.com