Nuestro Santiago de Antaño: El fin de las “enramadas” en la calle de igual nombre

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Publicado: 26 de febrero de 2016 | Por: Raúl Ibarra Albuerne* | Fotos: Archivos de la OCC.

En nuestra época colonial, cuando había fiestas religiosas o en las fiestas de “mamarrachos” o carnavales, se levantaban quioscos alrededor de las iglesias o en determinadas calles de la ciudad. Para las fiestas de Corpus Christi (60 días después de la Pascua, normalmente entre finales de mayo o inicios de junio) se acostumbraba tender toldos por las distintas calles por donde transitaba la procesión, y en la llamada Calle Ancha, se hizo costumbre en vez de toldos, cubrir la calle con hojas de palma o de coco, y el pueblo comenzó por eso a llamarla Calle de las Enramadas. Para los “mamarrachos” se utilizaban las mismas enramadas que habían estado colocadas hasta pasada la fiesta de San Joaquín el 16 de agosto.

Pocos santiagueros recuerdan el lamentable suceso que provocó el fin de estas enramadas de tan arraigada tradición, ocurrido en las fiestas de 1850. En un puesto que había establecido cerca de la Plazuela de la Picota (parque Serrano) aproximadamente donde estuvo la joyería Nieto, hoy Ven  la parda María de la Asunción Castillo, que era muy celebrada por la confección de empanadillas, escabeche y el típico tasajo con carne, atendía a su numerosa clientela, entre la que se encontraban linajudos jóvenes de aquel tiempo, que aprovechaban esas fiestas para “echar sus canas al aire con las criaditas de sus casas”, tenía el sitio del “establecimiento” completamente abarrotado cuando un “gracioso” dio un empujón a un morenito que era esclavo del Don Facundo Regüeiferos, yéndose el infeliz contra un grupo de jóvenes que estaba al pie del caldero donde María de la Asunción estaba terminando de freír unas ricas empanadillas y unos buñuelos de afió, volcándose el caldero lleno de manteca hirviente sobre la infeliz mujer, que sufrió mortales quemaduras, así como un hijo del señor José Meana, de excelente familia de esta sociedad y del anciano Federico Martínez, emparentado con Don Pancho Martínez Betancourt, muriendo María de la Asunción dos horas después del suceso y los Sres. Meana y Martínez, tres días después, en medio de horribles sufrimientos.

Pero no solo fue esto lo acaecido: al llevarse los quemados para la botica de El Carmen, para ser curados de primera intención por su propietario, Sr. José Padró, todo el mundo abandono el lugar del suceso, y los carbones encendidos que cayeron al suelo al volcarse el anafre donde está el caldero, prendieron unos papeles y estos a su vez una cortina de trapo, propagándose las llamas a las hojas ya secas de las palmas que había frente al lugar del kiosco.

El viento hizo que el incendio se corriera y estuvo a punto de producirse una conflagración que, sabe Dios, hubiera concluido en una verdadera catástrofe para nuestra ciudad.

Desde aquel año, quedaron suprimidas las enramadas por orden del Ayuntamiento aunque la calle no perdió ya ese nombre, y así se le sigue llamando en nuestros días, aunque oficialmente ostenta el nombre del bayamés José Antonio Saco.

Por mucho tiempo no se supo quien fue el causante del lamentabilísimo suceso, pero años más tarde, en su lecho de muerte, y ante su confesor, un distinguido caballero, hizo contrición de su trágica broma: fue Don Manuel Lengrolet, comerciante catalán, muy rico y de mucho prestigio, quien dejó en su testamento una considerable suma, para que durante 10 años, se dijeran tres misas diarias por el eterno descanso de sus tres víctimas…

He aquí pues, por qué se suprimieron las enramadas típicas que por cerca de 80 años se habían construido desde el mes de junio hasta el 19 de agosto, festividad de San Joaquín, en lo que hoy es nuestra principal rúa comercial.

Nota: * Primer Historiador de la Ciudad de Santiago de Cuba.

* La antigua joyería Nieto, hoy cafetería Ven Café.

Publicado en el periódico Oriente, el miércoles 9 de septiembre de 1959.