El Parque Céspedes, en el corazón de Santiago de Cuba

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Ubicado en el corazón del centro histórico de la ciudad de Santiago de Cuba, Monumento Nacional, el Parque Céspedes es uno de los sitios más concurridos de la urbe, plaza de obligada visita para residentes y extranjeros que llegan a la más caribeña de las ciudades cubanas.

El parque Céspedes es como el alma misma de la ciudad de Santiago, sitio de bolero, trova, son, lugar de historia, conmemoración y presente, referencia obligada cuando se trata de lo típicamente santiaguero.

En su entorno discurre parte del rico acontecer cultural, histórico, comercial y citadino de la ciudad. En sus inmediaciones se encuentran la Catedral de la ciudad, el hotel Casa Granda, el más longevo de la localidad, próximo a cumplir sus 100 años; también el museo de ambiente histórico cubano, ubicado en la casa más antigua de Cuba y una de las más antiguas de América, que perteneciera al adelantado español Diego Velázquez.

Muy cerca están también la casa de la cultura Miguel Matamoros, el museo del carnaval, la Casa de la Trova Pepe Sánchez, la primera de Cuba y considerada la catedral del la música tradicional cubana en esta ciudad. Además, la sede del Fondo de Bienes Culturales, entre otras instituciones de la vida sociocultural de esta hospitalaria urbe del Oriente cubano.

Un poco de historia

Cuando el 25 de julio de 1515 se fundó la villa, se concibió su espacio siguiendo las ordenanzas de la corona española para erigir ciudades en el nuevo mundo. Por entonces solo existía un amplio terraplén rodeado de rudimentarias construcciones como la casa de gobierno, la iglesia y viviendas de hombres notables que habían partido a la conquista de América.

Años después se convirtió en la plaza de la catedral, pues allí se encontraba la catedral de la ciudad. Se terminó su construcción en el siglo XVI con el objetivo de emplearla como Plaza de Armas, para que los soldados españoles realizaran los ejercicios y desfiles militares.

Posteriormente se le llamó Plaza de la Reina Isabel o Isabel la Católica, en homenaje a la Reina de España. La plaza no tardó en convertirse en la más importante y de mayor jerarquía, quedando en su perímetro los edificios representativos del poder, catedral, casa de los gobernadores y ayuntamiento, entre otros.

Su planimetría es un polígono casi cuadrado de aproximadamente 2516.42 m2, en cuya parte central posee un monumento, erigido en 1953, que rinde tributo al Padre de la Patria cubana, Carlos Manuel de Céspedes.

Su aspecto actual, de sobria expresión neoclásica, se integra de manera perfecta a la arquitectura que lo circunda, es obra del eminente arquitecto y urbanista santiaguero Carlos Segrera Fernández, quien también fuera el artífice del casi centenario hotel Casa Granda y el otrora Club San Carlos, hoy sala de conciertos Esteban Salas (altos) y galería de artes Oriente (bajos).

Un momento importante de la historia de este lugar fue en los albores de la República, cuando el primer alcalde Emilio Bacardí Moreaux instituyó la Fiesta de la Bandera, acto solemne de trascendencia político-cultural que influyó en las distintas aristas de la cultura santiaguera y que llega hasta nuestros días, cuando cada 31 de diciembre los santiagueros se dan cita para el izaje de la enseña nacional al llegar el Nuevo Año.

También de gran significación histórica han sido las palabras de Fidel Castro el primero de enero de 1959, cuando desde el balcón del edificio de gobierno habló a los congregados en el parque Céspedes.

Retretas, carnavales, actividades recreativas, procesiones y eventos políticos armonizan con la cotidianidad de este parquet, al que la población acude a toda hora, con la alegría propia de esta tierra.

Añejo, leal, pintoresco y siempre muy querido, con una faz que se ha renovado muchas veces, algunas por las atrocidades de corsarios y piratas y otras por las fuerzas de la naturaleza o cambios de monarcas, es un sitio admirado y añorado por muchos.

La Plaza de Armas de Santiago de Cuba o el parque Céspedes, como todos acá le llamamos cariñosamente, constituye, sin lugar a duda, uno de los conjuntos monumentales más atractivos de la ciudad y, absolutamente, en el que más interactúan propios y foráneos. Sede de incontables citas, de múltiples amores, de bohemios y juglares, de peñas fervorosas donde el amor propio lleva ventaja a la razón, querido escenario de múltiples generaciones, testigo del tiempo y orgullo de los santiagueros.

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Foto: René Silveira